Histoyre du Mechique

La teoría que sustenta el sentido de este museo, y que va a mostrarse en él, tiene fundamento en la interpretación, apoyada en innumerables monumentos arqueológicos mexicanos, de dos fragmentos, que hasta hoy no habían recibido la atención que merecen, de esa Histoyre du Mechique, escrita casi en su totalidad por la mano misma de Thévet. Dichos fragmentos, literalmente traducidos, exponen:

"Algunos otros dicen que la tierra fue creada de esta suerte: dos dioses, Calcóatl y Tezcatlipuca, trajeron a la diosa de la tierra Atlateutli de los cielos abajo, la cual estaba plena en todas las coyunturas de ojos y de bocas, con las cuales mordía como bestia salvaje; y antes que la hubieran bajado, había ya agua, la cual nadie sabe quien la creó, sobre la cual esta diosa caminaba. Viendo esto los dioses dijeron: "Hay necesidad de hacer la tierra." Y en diciendo tal, se cambiaron los dos en dos grandes serpientes, de las cuales una asió a la diosa desde la mano derecha hasta el pie izquierdo; otra de la mano izquierda al pie derecho, y la oprimieron tanto que la hicieron romperse por la mitad, y de la mitad hacia los hombros hicieron la tierra, y la otra mitad la llevaron al cielo.
Había una diosa nombrada Tlaltentl, que es la misma tierra, la cual según ellos, tenía figura de hombre, otros dicen que de mujer."

Así pues, dos potencias divinas hacen descender, a la superficie de aguas increadas, una entidad con figura humana, sea de hombre o de mujer, en cuyas coyunturas hay ojos y bocas; cuando las potencias divinas ven esto último, conciben el ardor de la creación.

Habiendo advertido la condición ofidia de tales ojos y bocas, partes de la figura humana, y con el fin de adaptarse ellas mismas a esa condición, las potencias divinas, tras declarar su necesidad de crear, se transmutan cada una en una gran serpiente, y bajan ambas a unirse con la forma humana.

En el momento de esa unión se constituye una manera de condensación de la materia que, obligada por su propia densidad a explotar, dará origen, con tal explosión, al universo entero. Porque después de haberse unido a la forma humana, las serpientes la oprimen hasta partirla en dos; con su parte superior hacen la tierra; el cielo, con la otra. El Universo queda creado.

La interpretación que de este texto se hace aquí, y está apoyada por muchedumbre de monumentos, desde los rostros olmecas hasta los pechos de Coatlicue, es que la forma humana de esa entidad define su naturaleza esencial; esa entidad, como su forma lo muestra, es un ser humano. Dado que en ese momento el mundo no existía, ese ser humano tenía que ser el primero de todos.

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En esta sala encontrará la explicación del texto que fundamenta la teoría del Maestro Rubén Bonifaz Nuño. En la visita guiada de esta sala, usted recorrerá las siguientes secciones:

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