Mexicas
Los dioses transmutados en serpientes se unen al primer ser humano, a fin de constituir la suma del poder creador del universo. Los Olmecas, autores de tal teoría cosmogónica, la figuraron plásticamente por medio de dos cabezas ofidias enfrentadas en el labio superior de un hombre.
Herederos de los olmecas, los teotihuacanos adoptaron, estilizándola, dicha manera de figuración; simbolizaron con sus cejas el conjunto de las cabezas ofidias, y enfrentaron esas cejas uniéndolas en el sitio de la boca de un rostro humano; así originaron su propia representación de aquella suma del poder creador, y le dieron el nombre de Tláloc.
Con ese nombre y esa forma tomaron la misma representación los mexicas. Pero los mexicas, que llevaron a su culminación la cultura antigua mexicana, y a quienes se debe el establecimeinto del texto que contiene su pensamiento cosmogónico, no se limitaron a la aclaración del significado del rostro de Tláloc; a esa entidad, representación del sumo poder, le añadieron cuerpo e iluminadoras características.
El cuerpo es humano; sus articulaciones, hombros, codos, manos, rodillas, pies, se protegen con calaveras, ojos y bocas de serpiente; de allí que en serpientes, para unirse con él, hayan debido trasmutarse los dioses.
Los mexicas cuidaron de dejar claramente escrita en formas plásticas su concepción cosmogónica. Aquí está el ingente felino, representación del agua de creador desconocido, preexistente a todo; aquí está el primer ser humano; sus articulaciones se miran guarnecidas con ojos y bocas.
Los dioses lo han bajado a las aguas preexistentes; lo han visto caminar sobre ellas; al ver sus articulaciones, han sentido despertar en ellos la necesidad de crear el mundo; para satisfacerla, se unirán a él, trasmutándose antes en serpientes.
En estas imágenes se mira esa unión ya realizada. El cuerpo del primer ser humano sigue siendo el mismo, pero su cabeza ha sido sustituida por la unión de las de los dioses vueltos en serpientes. Esas cabezas están representadas por sus mandíbulas superiores.
En relieve, casi planas, se encuentran esas imágenes del sumo poder. Para representar éste de manera indudable, los mexicas lo han de figurar en pleno volumen dotándolo de sus portentosos atributos. Aquí está la Coatlicue.